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Con ocasión de la celebración de la final de la Copa ULEB en Charleroi (Bélgica), hace unos meses, nos desplazamos a Bélgica e hicimos parada en Bruselas. Un grupo de veteranos estuvimos haciendo tiempo hasta la hora del partido. Nos sentamos en la terraza de uno de los restaurantes ubicados en la Gran Plaza del Ayuntamiento dónde degustamos unas exquisitas salchichas del país acompañadas de su clásica cerveza.
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Contemplando la fachada del magnífico edificio recordaba el primer viaje que hicimos a principio de los años cincuenta para participar en el Torneo de Navidad de Bruselas. Además del Real Madrid, intervenían el Olimpia Borletti de Milán con su capitán Césare Rubini, gran figura del basket europeo y posteriormente conocidísimo entrenador, el Partizán de Belgrado y su jugador Borislay Stankovic, luego Secretario General de la FIBA durante largo período , el Paris U.C., y los dos equipos locales Rácing Club y Les Semailles en éste último haciendo sus primeros “pinitos” Joaquin Hernández
Por cierto, a los jugadores yugoslavos se les tenía prohibido cualquier contacto con los chicos de los otros equipos de tal forma que estando alojados todos los participantes en el mismo hotel, utilizaban un comedor reservado y sus desplazamientos dentro y fuera del hotel siempre en grupo bajo la atenta mirada del Delegado o Comisario que les acompañaba.
Resultó que ganamos el Torneo y para celebrarlo nos quedamos un día en Paris. El viaje lo hacíamos en tren: Madrid – París – Bruselas (ida yvuelta). Se tenía cierta prevención a los vuelos comerciales, cuyas compañías aún no contaban con flotas de aviones a reacción. Durante esa década ocurrieron varios accidentes entre ellos, la catástrofe de Superga en la que falleció toda la plantilla del equipo de fútbol del Torino, la del Mánchester United, siete jugadores y en España perdimos a Joaquin Blume, dicen, el mejor gimnasta español hasta la fecha.
Pues bien; era Nochebuena y además se celebraba el milenario de la fundación de París. La ciudad era una fiesta y entre unas cosas y otras (no penséis mal) la velada se fue alargando. Eran las nueve de la mañana cuando entrábamos en el hotel. Estábamos solicitando en Recepción las llaves de nuestras habitaciones para retirarnos a descansar cuando apareció con su señora el Directivo que nos acompañaba, quien exclamó !Qué madrugadores!. Un guasón comentó: Vamos a misa. !Qué bien! replicó la señora, "aquí a la vuelta hay una iglesia, así que podemos ir todos juntos".
Téngase en cuenta que por aquel entonces estaba mal visto no participar en la celebración de la eucaristía (ó sea no ir a misa). Contando con esto y con que además no nos hacía ninguna gracia que el Directivo se enterase de nuestras andanzas nocturnas, no tuvimos más remedio que demorar nuestro descanso aguantando el sueño durante la misa. Eso sí, el guasón se desmarcó porque había olvidado el pasaporte en la habitación, según afirmó y otros dos pájaros volaron pues su deseo era ir a Notre Dame.
La anécdota es que días más tarde un diario de Madrid comentaba en una de sus páginas deportivas la sólida formación y profundo espíritu religioso de los muchachos de baloncesto del Real Madrid.
José Antonio Muñoz (jugador del Real Madrid desde la temporada 1949 hasta 1954)
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